Las amenazas, la extorsión y los abusos, los delitos más frecuentes en las redes sociales

En 2011, la Policía bonaerense tuvo que crear una Dirección especial para atender esta problemática.

Hoy, iniciar sesión en una red social y agregar un contacto desconocido equivale a un peligro latente. A diferencia de un asalto común, en el que un ladrón que aborda a alguien con una pistola en la calle, el robo de datos y la extorsión por internet son delitos que, al principio, la propia víctima permite, en un descuido que puede ser riesgoso.

Para trabajar ese tipo de cuestiones, sumadas a otras más específicas, hay una dirección de Cibercrimen en la Policía, que interviene cada vez que se abre una investigación relacionada con delitos informáticos. También tiene injerencia en las causas donde hay material digital comprometido.

Como hoy todo el mundo navega en la web y usa redes sociales, nadie parece exento de que le roben datos o padecer un fraude. “El 94% de los delitos cometidos mediante las redes, empiezan por un descuido o una captación de información. Cuando a alguien le roban su identidad, generalmente recibe una amenaza. A partir de ahí se puede iniciar una investigación”, explica Daniel Errasquin, el jefe de esa dirección de Cibercrimen.

A sus 55 años, el comisario mayor recuerda cuando era chico y no había necesidad de cerrar con llave la entrada de su casa. Eso que hoy parece inconcebible, es el riesgo que asume mucha gente que se expone en internet: “Es una puerta abierta”, compara Errasquin, en una entrevista con EL DIA.

La forma elemental de cuidado, según señala él, es la de manejarse con contactos conocidos, teniendo en claro que todo lo que uno publica en sus distintos perfiles es información que uno sirve en bandeja. “Si agrego a alguien que no conozco y que es un delincuente, le permito acceder a todos esos datos” y así aparece la posibilidad de algo ilegal.

¿Cuáles son las clases de delitos informáticos más frecuentes en el país? Las amenazas, la extorsión con difusión de material privado y las acciones tendientes a abusos sexuales son comunes de encontrar. Las variantes están tipificadas por ley y se conocen con palabras en inglés: grooming, phishing y sexting.

El grooming se refiere a la práctica de un delincuente que crea una conexión emocional con un menor, para poder abusar sexualmente de él, muchas veces para también introducirlo en el submundo de la pornografía. Similar es el sexting, que se refiere al envío de material porno de una persona a otra, en lo que podría entenderse como un exhibicionismo, pero con connotaciones peligrosas si se trata de una comunicación no deseada. En tanto, el robo de contraseñas o información sensible de un usuario para acceder a sus cuentas bancarias o tarjetas de crédito se conoce como phishing.

La Ley 26.388 tipifica otros delitos para el Código Penal: el acceso a sistemas informáticos, acceso a banco de datos personales, el fraude y el sabotaje.

La dirección de Cibercrimen se creó en 2011. En ese año se realizaron 40 pericias, mientras que en 2009 y 2010, se habían hecho 12 y 20 procedimientos, respectivamente. El aumento del trabajo de esa dependencia creció exponencialmente: en lo que va de este año, ya intervinieron en 150 estudios. Para entender el caudal de tareas que eso representa, hay que considerar que cada uno puede incluir, por ejemplo, 30 computadoras. Hoy tienen 700 causas en trámite en distintos estadíos, más otras que tienen sus pericias pendientes.

Aunque el personal está capacitado en cuestiones técnicas bien específicas del tema, el 80% de todo su trabajo se trata de intervenciones en delitos comunes. En esa mayoría, lo que hacen es un trabajo de consultoría y de preservación de pruebas digitales, siempre siguiendo protocolos rigurosos de resguardo del material, para que la prueba no se anule en el expediente. Su universo laboral parece interminable: “Hay evidencia digital en todos los delitos”, sostienen los expertos.

En Cibercrimen trabajan 30 policías, que se distribuyen en diferentes áreas: de procedimientos electrónicos, de investigación de pornografía infantil y de seguridad de las personas, más una dirección de delitos financieros e informáticos. Ante la explosión y el aumento de casos de esta clase de delincuencia, apareció la necesidad de ampliar y diversificar las tareas. Por lo bajo, en la dirección reconocen algunas carencias para su desempeño: “Es la misma situación que atraviesa toda la Bonaerense”, señalan.

REDES Y PERFILES

La telefonía celular es un área en la que aún no intervienen en Cibercrimen. Por otra parte, para el caso de las redes sociales y servicios de correo electrónico, los agentes deben ceñirse a la normativa que cada empresa (Facebook, Twitter, Instagram) tiene en cuanto a dar información de sus usuarios. Son los famosos “términos y condiciones” que prácticamente nadie lee antes de tildar el botón para aceptarlos.

¿Hay patrones en común entre los delincuentes virtuales? “Es imposible trazar un perfil psicológico de todos los que cometen un delito informático. Muchas veces pasa que una persona, por una discusión o pelea menor con su pareja, decide tomar venganza y comparte en la red algo de tinte sexual como ser un video o foto hot. Lo mismo con la gente que consume pornografía infantil o intenta captar a un menor con esos fines. Tampoco una condición social. Es parte del universo humano. Tal vez, con el trabajo de un experto en el tema, se pueda determinar un patrón. Pero lo que nosotros encontramos en el cotidiano es gente común, que conocemos todos los días”, argumenta Errasquin.

Un ejemplo que toma para sostener lo dicho es que “los abusos suelen darse en entornos cercanos a la víctima, con conocidos de la familia o de su entorno”.

La complejidad del tema dispara una pregunta inmediata: ¿Cómo proteger o cuidar a los chicos? “Una manera es la anticipación. Cuando alguien sufre una situación anormal, expresa un cambio de conducta. Si eso se detecta, el problema se hace visible. Es importante el acercamiento de los padres para notarlo”, afirma Errasquin.

Sin embargo, el comisario admite que el acceso a más de una cuenta por persona complica esa prevención: un adulto puede llegar a controlar uno de los perfiles de sus hijos pero, como son gratis, un chico puede tener varios otros secretos. Lo mismo pasa con los mayores de edad. Con casos así tiene que lidiar esta dependencia de policías que se especializa en desentrañar lo que parece visible y también lo que está oculto, por ejemplo en la deep web, un sector de internet al que no se puede acceder por buscadores como Google.

Como en la vida analógica, donde los ladrones siempre están al acecho de una casa para meterse o un peatón para abordar, algo similar ocurre en el ámbito digital. “El depredador existe y va a seguir existiendo. La cuestión pasa por quitarle la víctima, es una forma de cuidarla y de impedir un delito”, analiza Errasquin, fundamentalmente para los casos sufridos por chicos.

Fuente: El Día 

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